En un contexto de creciente tensión electoral de cara a 2027, el Gobierno se prepara para presentar la reforma de la carta orgánica del Banco Central (BCRA), con el objetivo de otorgarle mayor autonomía monetaria y limitar la emisión destinada a financiar al Tesoro. El presidente anunciará la iniciativa mañana en cadena nacional, y el viernes enviará el proyecto al Congreso.

Esta nueva discusión legislativa se da en un escenario donde la inflación se mantiene firme y el Fondo Monetario Internacional (FMI) reafirma su influencia. Durante su visita al país, la titular del FMI, Kristalina Georgieva, respaldó el rumbo económico, aunque resaltó la necesidad de continuar comprando reservas para enfrentar posibles shocks el próximo año y descartó otorgar dólares adicionales al gobierno para hacer frente a los vencimientos de deuda.
Javier Milei atribuye la inflación y el desplome de reservas a la reforma de la carta orgánica implementada en 2012 durante la gestión de Cristina Kirchner. Su propuesta busca evitar el financiamiento del Tesoro por parte del BCRA, «blindar» al presidente del organismo, restringir el pago de dividendos, eliminar las modificaciones introducidas en 2012 y suprimir las Letras Intransferibles, denunciadas como «papelitos de colores» por Luis Caputo.
A diferencia de su postura de 2023, que planteaba la eliminación total del Banco Central, Milei ahora apuesta por redefinir sus funciones dentro de un nuevo régimen monetario. Aunque el BCRA, conducido por Santiago Bausili, trabajó en los aspectos técnicos de la reformulación, aún no está claro si sus posiciones coinciden plenamente con las recomendaciones del FMI para consolidar el “rumbo” ante una eventual alternancia en el gobierno.
El último informe del staff del FMI, publicado en mayo, señala que persisten vulnerabilidades importantes, y que la carta orgánica del BCRA “no protege adecuadamente su mandato, autonomía y gobernanza”. En ese sentido, aconseja modificarla de manera progresiva para fortalecer la autonomía y las salvaguardas institucionales, en especial aquellas que impidan el financiamiento monetario.
En respuesta, el equipo de Luis Caputo sostuvo que “la carta actual del BCRA no constituye un obstáculo para el proceso de desinflación y, por lo tanto, su reforma no representa una necesidad urgente”. El Gobierno consideraba otras prioridades en la negociación con el FMI, aunque el staff report incluyó la modificación de la carta orgánica antes de fin de año. El contenido del proyecto permanece reservado.
Milei sostiene que su propuesta es más estricta, ya que exigiría un quórum de dos tercios en Diputados, además del Senado, para destituir al presidente del BCRA y a su directorio. También se prevén “capas adicionales” para proteger a las autoridades. En la actualidad, si bien la normativa exige acuerdo del Senado para los nombramientos, esta regla no se cumple, ya que las designaciones se hacen mediante decretos ejecutivos, fácilmente reversibles.
Respecto al financiamiento del Tesoro, la reforma impulsada por Milei prohibiría los adelantos transitorios —préstamos del BCRA que deben ser devueltos— y limitaría el giro de utilidades, disponiendo que las derivadas de variaciones en el precio de activos se destinen a reservas no distribuidas, mientras que las ganancias por manejo de cartera irían al Tesoro para cancelar deuda.
“El proyecto del Gobierno establece que el BCRA no podrá emitir dinero sin respaldo, pero no incluye disposiciones sobre la independencia del organismo, mientras que el FMI exige ambas cuestiones: emisión respaldada y autonomía plena”, explicó Joaquín Cottani, exviceministro de Economía.
Según Cottani, el Central no podrá usar adelantos al Tesoro, Letras Intransferibles ni redescuentos sin títulos de contrapartida, pero la política monetaria —agregados monetarios, tasas o tipo de cambio— podría seguir supeditada a la influencia del Ministerio de Economía o del presidente, como ocurre actualmente.
De acuerdo con Fundación Capital, el financiamiento monetario alcanzó su pico en 2020, representando un 7,4% del PIB en plena pandemia. Con Milei en el poder, la asistencia al Tesoro cayó al 0% en 2024, repuntó al 1,4% en 2025 y ascendió al 2,2% en 2026, la cifra más alta en cuatro años.
Bajo la gestión de Caputo, el BCRA eliminó los adelantos transitorios pero aumentó el giro de utilidades al Tesoro, ganancias contables que algunos economistas consideran «ficticias», ya que provienen en gran medida del efecto de la devaluación del peso.
En mayo, el Central giró dividendos por 24,4 billones de pesos al Tesoro; de esa suma, 18,4 billones se destinaron a la recompra y cancelación de Letras Intransferibles, y 6 billones a depósitos en pesos del Tesoro en el BCRA. Fuentes oficiales señalaron que estos resultados corresponden a 2025, debido a la revaluación de la cartera de títulos públicos y a la cancelación previa de Letras Intransferibles con dólares del FMI.
“El Gobierno logró prácticamente eliminar las necesidades de financiamiento del Tesoro, aunque aprovechó las utilidades contables y realizadas del BCRA de 2024 y 2025 para transferirlas al Tesoro. Esas sumas se utilizaron para comprar dólares con el fin de repagar deuda en moneda extranjera, financiar vencimientos en pesos y cancelar Letras Intransferibles”, detalló Gonzalo Lacunza, de Empiria.
En el ámbito financiero porteño, persisten temores de
