La justicia habló, pero el daño ya estaba hecho

Bariloche (Río Negro) – El Tribunal de Juicio de Bariloche sentenció al subcomisario Ricardo Nicolás Fraima a tres años de prisión en suspenso y lo inhabilitó de por vida para ejercer cargos públicos con personal femenino a su cargo. El fallo no solo reconoció el abuso sexual, sino también el hostigamiento sistemático que la víctima padeció por parte de su superior.

Por Rubén Pombo

Una vez más, se destapa una realidad feroz: personal subalterno, en especial mujeres, son víctimas de jefes que se amparan en sus jerarquías para ejercer poder y violencia sin consecuencias inmediatas.

“Solo quería que se sepa la verdad”

La agente víctima de los abusos declaró que su objetivo no era venganza, sino cerrar un ciclo, sanar y comprometerse con sus compañeras. Su testimonio fue valiente y desgarrador. No es un caso aislado: en cada fuerza, cientos de trabajadoras viven situaciones similares sin canales eficaces para denunciar ni garantías de ser escuchadas.

Persecución, aislamiento y manipulación del servicio

Luego del ataque, lejos de encontrar respaldo institucional, la víctima enfrentó un infierno cotidiano: Fraima la dejó fuera de patrullajes, modificó horarios sin razón y la redujo a tareas menores. Todo bajo una lógica de castigo encubierto.

Sus compañeros lo notaban. Incluso vincularon el trato diferencial con exigencias sexuales. Pero el silencio institucional fue brutal: el comisario de la Unidad Regional III desestimó la denuncia calificándola de “tema personal”. ¿Cómo puede hablar una agente si quienes deben protegerla la revictimizan?

Las voces que la sostuvieron

Pese al aislamiento, hubo funcionarias y profesionales que decidieron escuchar. La responsable del Área de Género notó algo raro cuando el propio subcomisario se presentó para “advertirle” sobre la agente. Esa insistencia levantó sospechas y permitió que la verdad saliera a la luz.

Dos operadoras de la Ofavi confirmaron el calvario de la víctima: desde el impacto emocional hasta las imágenes obscenas enviadas por Fraima. Su relato mostró que la violencia no era una percepción aislada, sino un infierno compartido por quienes la rodeaban.

El silencio institucional, una forma más de violencia

Mientras Fraima usaba su jerarquía para manipular, desinformar y castigar, la institución miraba hacia otro lado. No existen mecanismos claros, accesibles y confiables para que el personal subalterno denuncie estas situaciones sin poner en riesgo su carrera, su salud o incluso su integridad física.

Y cuando se trata de mujeres, la crudeza es aún mayor. Muchas callan por miedo, por vergüenza, por no ser creídas o simplemente por no perder lo poco que han conseguido en un ámbito históricamente machista.

Una oportunidad para actuar y no repetir

El fallo contra Fraima no es el final de una historia: es una advertencia y un llamado a la acción. Es necesario generar condiciones reales de escucha y protección para el personal subalterno, especialmente las mujeres. Sin justicia dentro de la institución, no puede haber justicia fuera de ella.

Porque proteger al que protege también significa erradicar las prácticas autoritarias, misóginas y abusivas que todavía persisten en nuestras fuerzas. Desde APROPOL, FASIPP y FRECUENCIA AZUL, lo decimos con claridad: defender los derechos del trabajador policial es mejorar el servicio de seguridad pública.

FA24



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