
El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, fue silbado y abucheado durante el acto de egreso de más de 1500 nuevos oficiales de la Policía Bonaerense, realizado en la Escuela Juan Vucetich, en Berazategui.
Por Rubén Pombo (*)
El episodio ocurrió mientras el mandatario brindaba su discurso. Los gritos e insultos provenientes del público —integrado por efectivos y familiares— interrumpieron en varias ocasiones su alocución, obligándolo a hacer pausas. La escena, inusual para un acto de este tipo, expuso de manera directa un malestar que ya no se limita a ámbitos internos.
El reclamo: salarios que no alcanzan
Las manifestaciones tuvieron un eje claro: el salario. “¡Paguen el aumento!”, se escuchó durante el acto, reflejando un reclamo que se viene sosteniendo desde hace meses dentro de la fuerza.
Si bien el gobierno provincial acordó un incremento del 11% escalonado —5% en marzo y 2,5% en abril—, el esquema es percibido como insuficiente frente a la inflación y el deterioro del poder adquisitivo.
El problema no es nuevo. Lo nuevo es el escenario donde se expresa.
Un discurso que no logra imponerse
Durante su intervención, Kicillof intentó destacar las políticas de su gestión en materia de seguridad, señalando que recibió una fuerza “mal equipada, mal formada y desprestigiada”, y que su gobierno trabaja para revertir esa situación.
Sin embargo, el mensaje quedó opacado por la reacción del público. La narrativa oficial no logró imponerse frente a la realidad percibida por quienes estaban presentes.
El malestar ya no se oculta
Lo ocurrido en Berazategui no es un hecho aislado, sino la expresión visible de un conflicto que atraviesa a distintas fuerzas de seguridad en el país.
En distintos puntos —Santa Fe, Entre Ríos y ahora Buenos Aires— comienzan a repetirse escenas donde el reclamo salarial emerge en espacios públicos, incluso en actos institucionales.
Cuando eso ocurre, el problema deja de ser interno. Se vuelve político.
De la disciplina al reclamo abierto
Históricamente, las fuerzas de seguridad han canalizado sus tensiones puertas adentro, con fuertes mecanismos de disciplina y control.
Pero ese esquema empieza a mostrar fisuras. El hecho de que efectivos y familiares expresen su descontento en un acto oficial, frente al propio gobernador, marca un cambio de época.
El reclamo ya no se contiene.
Se expresa.
Una señal que atraviesa jurisdicciones
Más allá de las diferencias políticas entre provincias, el denominador común empieza a ser evidente:
- salarios deteriorados
- malestar creciente
- falta de canales efectivos de representación
El problema ya no es local, es estructural.
La pregunta de fondo
Lo ocurrido en la Escuela Vucetich deja una pregunta abierta que trasciende el episodio: ¿qué pasa cuando quienes deben sostener el orden empiezan a expresar descontento en público?
La respuesta no es sencilla.
Pero sí es clara una cosa: cuando el reclamo llega al acto oficial, el conflicto ya llegó demasiado lejos.
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(*) Periodista. Corresponsal en Rosario APROPOL Noticias
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