«Peritrucho» que armaba causas falsas contra policías deberá ir a la cárcel pronto

«Peritrucho» que armaba causas falsas contra policías deberá ir a la cárcel pronto

La confirmación de la condena contra Marcos Herrero, conocido como el “peritrucho”, no es apenas el cierre judicial de una mentira. Es algo más grave: la constatación de que, durante años, una parte del sistema estuvo dispuesta a creer cualquier cosa con tal de sostener una hipótesis políticamente conveniente.

Por Rubén Pombo (*)

Siete años de prisión y un rol clave en la acusación

Herrero fue condenado por el Tribunal Oral Federal de Bahía Blanca a 7 años de prisión e inhabilitación por 14 años por falso testimonio agravado y reiterado. Según el Ministerio Público Fiscal, plantó evidencia y realizó peritajes irregulares con perros para incriminar a policías en la causa por la desaparición y muerte de Facundo Astudillo Castro. La pena fue luego ratificada por Casación, que rechazó los planteos de la defensa.

No fue un error: fue una construcción deliberada

El dato central es demoledor: no se trató de un error técnico menor ni de una interpretación discutible. La acusación sostuvo que “todo fue una burda mentira” destinada a direccionar el caso contra agentes policiales y reforzar una hipótesis previa. También señaló que las prácticas usadas carecían de rigor científico y fueron posibles por la desesperación social, familiar e institucional alrededor de un caso conmocionante.

Un caso atravesado por presión y conmoción social

La causa Facundo nació atravesada por sospechas, dolor y presión pública. El joven desapareció el 30 de abril de 2020, durante el ASPO, tras salir desde Pedro Luro hacia Bahía Blanca; sus restos fueron hallados el 15 de agosto en un cangrejal del estuario bahiense. La investigación incluyó hipótesis de desaparición forzada, intervenciones policiales, reclamos de organismos y una fuerte carga política y mediática.

Investigar no es fabricar culpables

Pero precisamente por eso, porque el caso era grave, la prueba debía ser más seria, no menos. Cuando se acusa a policías de un delito extremo, el Estado tiene la obligación de investigar hasta el hueso, sí; pero también de no fabricar culpables. La democracia no se defiende con pericias truchas. Se defiende con verdad, método y debido proceso.

Casación endurece el escenario judicial

La última resolución conocida agrava el cuadro para Herrero: Casación declaró inadmisible otro recurso de su defensa y dejó abierta la ejecución efectiva de la prisión. Además, se informó la unificación de la pena con otra condena de Mendoza, donde también había recibido sanción por un accionar similar.

Este caso deja una advertencia incómoda: el prejuicio antipolicial también puede producir injusticia. Y cuando una mentira judicial se monta sobre uniforme ajeno, no sólo se daña a los policías falsamente incriminados; se daña a la víctima, a su familia, a la Justicia y a la sociedad entera.

Sin verdad no hay justicia

Porque buscar justicia para Facundo nunca debió significar aceptar cualquier relato. La verdad no necesita perros amaestrados para la mentira. Necesita jueces firmes, fiscales serios, peritos idóneos y una prensa que no compre pescado podrido aunque venga envuelto en papel de derechos humanos.

FA24