
A partir de una nota reciente de la periodista Josefina López Mac Kenzie, vuelve a escena el protagonismo de la médica forense Virginia Creimer en causas resonantes que involucraron a fuerzas de seguridad.
Por Rubén Pombo
Entre apoyos y objeciones, la Justicia ya dejó por escrito cuestionamientos a parte de sus intervenciones, mientras familiares y organismos de derechos humanos la señalan como voz clave contra la violencia institucional.
Virginia Creimer se convirtió en una figura omnipresente en expedientes de alto impacto público: desde las muertes de María de los Ángeles París, Carlos “Bocacha” Orellano y Franco Casco en Rosario, hasta los casos Santiago Maldonado y Facundo Astudillo Castro a nivel nacional. Su papel suele ser el de perito de parte de querellas o familias, con fuerte presencia mediática y conclusiones tajantes que, según López Mac Kenzie, a menudo cambian con el tiempo o chocan con dictámenes oficiales.
En Rosario, la controversia fue sostenida. En el caso Orellano, el Instituto Médico Legal defendió la primera autopsia —sin signos de muerte violenta—, mientras la familia y su perito (Creimer) plantearon un escenario de homicidio; la disputa técnico–médica escaló y derivó en nuevas pericias y exhumación. El episodio exhibió errores de procedimiento y desconfianzas cruzadas, con idas y vueltas que la prensa registró al detalle.
En el caso Franco Casco, el derrotero judicial terminó —una década después— con absoluciones para 19 policías y dudas persistentes sobre la mecánica de la muerte. En ese expediente, la Cámara de Casación dejó asentado cómo se valoraron (y también se acotaron) los alcances del testimonio técnico de Creimer en relación con la autopsia del Cuerpo Médico Forense, lo que alimentó críticas sobre la consistencia probatoria de algunas de sus afirmaciones.
Los apoyos, por su parte, no son menores. Organismos y espacios académicos y militantes han defendido su intervención como contrapeso frente a prácticas forenses y policiales cuestionadas históricamente. En París, por ejemplo, la APDH Rosario destacó la segunda autopsia (con Creimer como perito de parte) y sostuvo públicamente la hipótesis de violencia estatal. Ese tipo de respaldos muestran que el debate no se agota en lo técnico: también toca confianzas sociales y credibilidad institucional.
La nota de López Mac Kenzie compila, además, declaraciones de Creimer en otros casos —Maldonado, Astudillo, Arruga, Abregú, Escobar— y subraya un patrón: diagnósticos contundentes difundidos en medios que luego quedan bajo revisión o no logran sostener condenas en tribunales. Esa tensión entre hipótesis periciales y estándar judicial de prueba es, hoy, el centro de la discusión.
Qué dice la Justicia
En expedientes recientes, los tribunales remarcaron que los peritos de parte no sustituyen la cadena de pericias oficiales ni pueden extrapolar hallazgos sin sostén metodológico robusto. En Casco, por ejemplo, Casación consignó que la participación directa de Creimer se circunscribió a ciertos actos y no impugnó estudios del Cuerpo Médico Forense en puntos clave. Más allá de ese caso, el mensaje general es nítido: el rigor técnico y la reproducibilidad cuentan más que el impacto mediático.
Qué falta aclarar
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Trazabilidad pericial: protocolos, cadenas de custodia y límites de intervención cuando Creimer actúa como perito de parte.
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Confrontación de dictámenes: publicar, caso por caso, las coincidencias y divergencias entre informes oficiales y de parte, incluyendo márgenes de error.
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Resultados judiciales: un tablero público que muestre qué hipótesis prosperaron en sentencia y cuáles no, para bajar el volumen a la disputa mediática y subir la rendición de cuentas pericial.
Los casos en que intervino
- Santiago Maldonado: que tenía todas las características de los cuerpos plantados (vio una foto).
- Facundo Astudillo: que lo asesinaron. Que el cuerpo parecía tratado con ácido o cal. Y que ella con sus propias manos “halló” un objeto en un calabozo que la madre de Facundo “reconoció” como de su hijo. Fue cómplice del adiestrador canino mercenario Marcos Herrera. Estuvo en la autopsia. Denunció que los demás peritos la maltrataron.
- Carlos Orellano: primero adhirió a la autopsia, que no encontró signos de una muerte violenta. Después cambió de idea y sostuvo que lo ahorcaron y lo descartaron en el río. Denunció que los forenses rosarinos la discriminaron y encubren a la Policía.
- Franco Isorni: que el cuerpo parecía baleado o degollado.
- Franco Casco: primero adhirió a que la muerte es indeterminada; después dijo que lo ahorcaron con la toma mataleón y lo tiraron al agua con peso para hundirlo; después, que lo tiraron vivo. Denunció que las defensas de los policías acusados le hicieron “gaslighting”, una forma de abuso psicológico para confundir a quien declara.
- Brian Sotelo: que su muerte fue “claramente traumática”, que lo molieron a palos, que le dieron con borceguíes y lo ahorcaron con la toma mataleón. Que ella no sabe cómo desapareció una aurícula de su corazón tras la reautopsia…
- Gastón Duffau: que lo ahorcaron con la toma mataleón y lo torturaron en los minutos en que estuvo en un patrullero, incluidas lesiones compatibles con “tonfas policiales”.
- Sebastián Ponce de León: que lo torturaron con palos en los pies en los minutos en que estuvo en un patrullero.
- Leandro Bravo: que sus riñones no tenían ninguna infección, que eso lo inventó el forense de la autopsia…
- Alejandro Martínez: que sufrió una violencia brutal, incluidas “tonfas” y borceguíes.
- Daiana Abregú: que la ahorcaron y tenía signos de defensa.
- Michel “Noa” Suárez: que miró fotos de la autopsia y detectó que lo torturaron y ahorcaron (con la toma mataleón), y marcas de defensa.
- Gerardo Escobar: que recibió los mismos golpes que Casco y Orellano por un modus operandi de la Policía rosarina.
- Luciano Arruga: que tenía fracturas de “meses anteriores” y que con la ropa que tenía “es imposible cruzar la General Paz”.
- Lolo Regueiro: que fue víctima de “una muerte violenta producida en un campo de acción violento” y tenía “lesiones vitales compatibles con choque o golpe con o contra superficie dura y roma”. (Argumentó con citas a Frantz Fanon, Rita Segato y Pierre Bourdieu).
- María de los Ángeles París: que la muerte “responde a las prácticas de tortura de la Policía de Rosario”.
- Robinson Gatica: que la Policía lo ahorcó (citó a Frantz Fanon).
- Ghisoni hijo: que “definitivamente” fue abusado (le hizo una pericia íntima).
- Lucas Puig: que relatos de los chicos no pueden ser implantados (analizó viejas pericias hechas por peritos oficiales, no se entrevistó con acusado ni con víctimas).
- Sofía Tunno: que tenía lesiones compatibles “con mecanismo de defensa”.
- Lucía Pérez: que fue víctima de femicidio.
- Loan Peña: que fue secuestrado por una red de trata.
La importancia de una pericia
Porque una pericia no es un editorial: orienta decisiones que pueden privar de libertad a personas o cerrar definitivamente causas de muerte violenta. Y porque la crítica a una pericia no equivale a negar la violencia institucional; significa exigir mejores estándares para probarla cuando existe.
El trabajo de López Mac Kenzie reabre un debate necesario: ¿estamos frente a una profesional que logró visibilizar lo que otros callaban, o frente a una retórica pericial que no supera el test de evidencia? Probablemente el camino no sea elegir bandos, sino poner los papeles sobre la mesa: protocolos, informes completos y sentencias. Lo demás es ruido.
FA24
