
El dirigente social y exprecandidato presidencial Juan Grabois, tras ser detenido este fin de semana por participar de una protesta, se mostró sorprendido por algo inesperado: las condiciones laborales del personal de la Policía Federal Argentina. En una breve pero contundente declaración ante los medios, denunció el estado en el que trabajan los efectivos en la dependencia donde estuvo alojado.
“La forma en la que trabaja el personal de seguridad es inhumana. Oficinas vetustas, sin calefacción, llenas de ratas. Computadoras del año 84. No tienen sistema, todo manual. Estoy hablando del personal policial, no de los internos. A ellos no los vi”, declaró Grabois tras su liberación.
Lejos de ironías o cinismos, Grabois se mostró sinceramente impactado por la precariedad del lugar: la Comisaría de Madariaga, donde según relató, los policías carecen de recursos básicos para desarrollar su función. “Cuando sea presidente, esto lo voy a cambiar. No puede haber personal trabajando en estas condiciones denigrantes”, agregó.
Una realidad silenciada
Desde frecuencia Azul venimos denunciando desde hace años lo que ahora reconocen hasta dirigentes de ideologías ajenas a la seguridad institucional: el Estado explota al personal policial, lo precariza, lo hace trabajar en condiciones infrahumanas y después lo invisibiliza.
La confesión involuntaria de Grabois, en calidad de detenido circunstancial, sirve para poner en primer plano la hipocresía de quienes hablan de “seguridad” sin mirar cómo viven y trabajan los que deben garantizarla.
Oficinas sin calefacción, computadoras obsoletas, infraestructura colapsada
Lo dicho por Grabois no es una excepción. Es la norma. Dependencias policiales a lo largo y ancho del país presentan condiciones edilicias deplorables, sin inversión, sin equipamiento adecuado, y con recursos humanos al borde del colapso. La falta de calefacción, la presencia de roedores, la obsolescencia tecnológica y la carencia de insumos básicos son parte del día a día de miles de efectivos.
No se puede cuidar a nadie si no se cuida a quienes cuidan
Desde frecuencia Azul reivindicamos las palabras de Grabois cuando reconoce esta injusticia, y llamamos a todos los dirigentes —de todos los espacios— a hacer lo mismo: romper el pacto de silencio sobre las condiciones indignas en las que trabajan los policías y penitenciarios.
Basta de negar lo evidente: los trabajadores uniformados también son trabajadores
FA24
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