Javier Milei, presidente de Argentina no pudo ingresar a la misa funeral de despedida del Papa Francisco en la Basílica de San Pedro, Vaticano. ¡OTRO PAPELÓN ESTA VEZ CON LAS FUERZAS DEL CIELO!
Por Alberto Martínez (*)
En la Basílica de San Pedro, bajo el techo que cobijó por última vez al Papa Francisco, los grandes del mundo —presidentes, primeros ministros, reyes— se mezclaron humildemente con los más pequeños: con trabajadores, con migrantes, con un cartonero amigo del Santo Padre que es invitado especial.
Un cartonero argentino, testigo de la opción preferencial de Francisco por los pobres, estuvo adentro.
El presidente argentino, Javier Milei, quedó afuera.
No es una anécdota. Es una metáfora brutal. Y dolorosamente verdadera.
Mientras los humildes encontraron su lugar de honor en la despedida del Papa, el Presidente argentino se perdió en su propio laberinto ideológico, ocupado en homenajear a economistas anarcocapitalistas en una escuelita elitista de Buenos Aires.
Se puede llegar tarde por muchas razones.
Pero solo se queda afuera quien, en el fondo, nunca quiso entrar.
La imagen de Milei quedándose afuera de la Basílica mientras los grandes líderes del mundo honraban a Francisco no es un hecho aislado. Es una metáfora brutal del lugar que Argentina ocupa hoy bajo su mando: afuera de todo lo importante, adentro de todo lo grotesco.
¡Quien quiera oir que oiga!
(*) Periodista. Licenciado en Seguridad Pública. Especialista en seguridad y derechos laborales de los trabajadores policiales y penitenciarios.
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