La noche del 24 de diciembre de 2016, en el barrio San Cayetano de Tucumán, cambió para siempre la vida del suboficial Mauro Navarro. Mientras patrullaba junto a su compañero, Gerardo Figueroa, atendieron una alerta por un asalto.
Por Alberto Martínez (*)
La intervención terminó con un hombre muerto y, tiempo después, con Navarro condenado a prisión perpetua. Pero en 2024, la Corte Suprema de Justicia de la Nación confirmó su absolución, cerrando así un capítulo doloroso de judicialización y estigmatización.
Mauro Navarro, suboficial de la Policía de Tucumán, acusado de matar a Miguel Reyes Pérez, un joven señalado como presunto ladrón por vecinos y testigos del barrio.
¿Qué pasó aquella noche?
Un alerta por robo llevó a los agentes del 911 a San Miguel de Tucumán. Al intentar detener a un sospechoso, este escapó. En medio de la persecución, una mujer se interpuso entre el policía y el prófugo, generando un forcejeo. En esa situación confusa, se disparó el arma del suboficial y la bala impactó en el rostro de Reyes Pérez, quien falleció días después.
El largo camino de la Justicia
Primero, lo condenaron:
En un juicio con votos divididos, Navarro fue condenado a perpetua por homicidio agravado, bajo la figura de “gatillo fácil”, pese a la falta de pruebas determinantes, como la ausencia del arma del supuesto delincuente.
Después, la verdad comenzó a emerger:
En 2022, la Corte Suprema de Tucumán anuló la condena, destacando:
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Que no se respetó el principio de inocencia.
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Que se desestimaron pruebas clave.
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Que el agente usó munición no letal.
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Que hubo testimonios contradictorios, en su mayoría de personas allegadas al fallecido.
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Que no había certeza de que Navarro hubiera actuado fuera de los límites de la legítima defensa.
Finalmente, en abril de 2024, la Corte Suprema de Justicia de la Nación —con las firmas de Rosatti, Rosenkrantz y Lorenzetti— rechazó por inadmisible el recurso de queja de la querella, y dejó firme la absolución del policía.
Caso importante para los policías
Porque demuestra cómo un agente puede ser condenado sin pruebas firmes y sufrir años de prisión y estigmatización mediática y judicial. Y porque pone en tela de juicio la forma en que se investiga, juzga y comunica cuando se trata de hechos que involucran a policías.
No se trató de un caso de gatillo fácil: se trató de un operativo en plena tarea preventiva, en un barrio hostil, con vecinos agrediendo a los agentes, y en una secuencia donde la intención nunca fue matar.
El mensaje para nuestras fuerzas
¿Cuántos Mauro Navarro hay? ¿Cuántos compañeros fueron condenados por cumplir con su deber en condiciones adversas, sin respaldo ni garantías procesales? Este fallo debe servirnos como faro, no sólo para exigir respeto al debido proceso, sino también para reclamar una Justicia que no sea mediática ni demagógica, sino seria y comprometida con la verdad.
“A veces, la Justicia tarda, pero llega. Y cuando llega, nos recuerda por qué luchamos.”
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¡Quién quiera oír que oiga!
(*) Periodista. Licenciado en Seguridad Pública. Especialista en justicia y derechos laborales de los trabajadores policiales y penitenciarios.
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