El 18 de abril de 1974, por orden del gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón, fuerzas de seguridad realizaron un operativo en el puerto de Buenos Aires que terminó con el hallazgo e incautación de un arsenal oculto en cargamento diplomático proveniente del rompehielos HMS Endurance, buque de la Marina Real Británica.
Por Alberto Martínez (*)
«No soy ingenua. Sé que ustedes tienen planes contra nosotros.» — Isabel Perón a Augusto Pinochet, 1974.
Un allanamiento histórico, una verdad borrada
El material incluía 17.500 proyectiles de guerra calibre 9 mm, partes de armamento, manuales técnicos y documentación adulterada. Las cajas estaban etiquetadas como «repuestos consulares», violando abiertamente la Convención de Viena.
Un arsenal incompatible con la diplomacia
El cargamento excedía cualquier justificación de defensa diplomática. Una embajada puede contar con armas de puño en cantidades mínimas para su protección, pero no con cargadores, piezas de fusiles y 17.500 proyectiles, en plena capital de un país soberano. El uso de etiquetas falsas y la doble rotulación refuerzan la hipótesis de una operación encubierta.
Una presidenta que enfrentó el poder imperial
La presidenta Isabel Perón ordenó la detención inmediata del diplomático británico implicado y del capitán del buque. Sin embargo, la Corte Suprema de Justicia de la Nación, compuesta por jueces nombrados en dictaduras anteriores, desautorizó al Ejecutivo: ordenó la liberación de los detenidos y la devolución del arsenal a la embajada británica, invocando un uso fraudulento de la Convención de Viena.
¿Destino: la subversión?
La hipótesis más firme entre los analistas de inteligencia es que ese material estaba destinado a organizaciones subversivas que actuaban dentro del país, y que podría haber sido parte de un plan de desestabilización mayor, funcional al caos necesario para justificar futuros golpes de Estado. No se trataba de proteger una sede diplomática, sino de sembrar el terreno de una guerra no declarada.
Soberanía activa frente al colonialismo
Ese no fue el único gesto de firmeza de Isabel Perón en defensa de la soberanía nacional. Ese mismo año canceló acuerdos técnicos con el Reino Unido sobre Malvinas, exigiendo negociaciones de soberanía reales. En 1975, presidió la primera reunión de Gabinete Nacional en la Antártida, consolidando presencia política en el territorio austral. Y advirtió personalmente a Augusto Pinochet, en su cara: “Sé que ustedes tienen planes contra nosotros”.
Del contrabando a la guerra
Un conflicto planificado desde antes
El investigador Ariel Rolfo, en su ensayo “Malvinas: causa nacional y ariete geopolítico anglosajón”, sostiene que la ocupación británica del Atlántico Sur —y su consolidación bélica desde Malvinas hasta la Antártida— responde a una estrategia permanente de dominación anglosajona. En esa línea, el operativo de 1974 cobra un nuevo significado: no fue un hecho aislado, sino parte de una política de cerco y desestabilización sobre la Argentina. El contrabando de armas, el rol encubierto del HMS Endurance, la protección diplomática del armamento, y la posterior colaboración de Chile con Londres en 1982, confirman que el país fue víctima de una ofensiva sistemática para impedir su proyección soberana en el Atlántico Sur. Como advierte Rolfo, la guerra comenzó mucho antes de 1982, y quienes como Isabel Perón la enfrentaron, fueron silenciados por el relato oficial.
El regreso del Endurance: contradicción o sometimiento
Menos de un año después del operativo de 1974, el HMS Endurance volvió a amarrar en Buenos Aires, entre el 19 y el 24 de febrero de 1975, bajo autorización oficial del mismo gobierno que había denunciado su accionar encubierto. Ese dato, poco conocido, refuerza la hipótesis de presiones diplomáticas o de una pérdida progresiva de control político sobre decisiones estratégicas clave.
Ascochinga, decretos y el avance del cerco
Siete meses después, entre el 14 de septiembre y el 16 de octubre de 1975, Isabel Perón se hospedó en Ascochinga junto a las esposas de los jefes militares, mientras delegaba el mando en el senador Ítalo Luder. En ese contexto, se firmaron los decretos de aniquilamiento que marcaron la antesala del golpe. La presencia nuevamente autorizada del Endurance en aguas argentinas, sumada a la reclusión política de Isabel, muestra cómo el cerco estratégico y la infiltración imperial seguían activos, incluso antes de que se consumara el derrocamiento.
Beagle, Malvinas y el final anunciado
Cuatro años después, en 1978, la Argentina estuvo a punto de entrar en guerra con Chile por el Canal de Beagle. Y en 1982, el Reino Unido invadió las Malvinas. El HMS Endurance, el mismo buque que había transportado municiones encubiertas en 1974, fue el primero en iniciar las acciones bélicas británicas en el Atlántico Sur.
La dignidad que el relato quiso ocultar
Isabel Perón, lejos de la caricatura con que se la ha degradado, fue la última jefa de Estado que se atrevió a desafiar en los hechos al colonialismo británico y al cerco imperial del Cono Sur. Su acción de gobierno, limitada y contradictoria como toda transición, fue más valiente que muchos discursos de salón.
Conclusión
El operativo de abril de 1974 fue mucho más que un escándalo de municiones. Fue el descubrimiento de una operación de contrabando militar encubierto por parte del Reino Unido, con material de guerra, documentación adulterada, y un modus operandi compatible con operaciones de inteligencia encubiertas.
Y fue la última vez que un gobierno argentino detuvo a un diplomático británico armado en suelo patrio. Después, la traición institucional tapó el hecho, y la historia oficial lo borró del mapa.
(*) Periodista. Licenciado en Seguridad Pública. Especialista en justicia y derechos laborales de los trabajadores policiales y penitenciarios.
Facebook: Temática Seguridad
Llinkedin: Martínez Alberto Rubén
FA24
